Washington, ciencia, los IQOS y un elegante disfrute

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José Silié Ruiz

Hace tres semanas tuve el alto honor de representar al país en un encuentro científico en Washington, donde estuve junto a investigadores de muchas partes del mundo. Se trató del «The E-cigarette Summint», ciencia, regulaciones y salud pública, realizado en el hotel Marriot Georgetown, en la capital estadounidense. Esta ciudad es simétrica, no tiene los rascacielos de un Nueva York o un Chicago. Al ser la capital, no es comercial ni industrial, más bien es administrativa por las numerosas oficinas, embajadas, etc. Visitamos el Obelisco, el Capitolio y el Lincoln Memorial, el Cementerio Nacional de Arlington, los distintos memoriales, los homenajes a los soldados de distintas guerras, varios de sus museos, en fin, es una ciudad hermosa.

En uno de los aspectos científicos del evento la profesora Dorothy Htsujkami, psiquiatra de la Universidad de Minnesota, señaló que el cigarrillo mata a más de 480,000 personas por año en Estados Unidos y que se necesitan medidas urgentes para evitar esa cifra tan elevada. Presentó estadísticas de lo difícil que resulta para algunos el dejar de fumar y que las barreras para impedirlo son difíciles. Los dispositivos que no queman el tabaco son de ayuda, pues el fumador recibe igual placer con la nicotina solo calentada y constituyen una opción para aquellos que no pueden abandonar el hábito de fumar. Notar que no nos referimos a esos cigarrillos con gran cantidad de humo que vemos en los jóvenes, pues esos evaporan el agua y ellos les ponen cualquier sustancia. Los que verdaderamente ayudan son los IQOS, dispositivo electrónico que no quema el tabaco resultando en importante disminución de sus tóxicos, solo son de ayuda estos que solo lo calientan. Y por ese número de muertos, se impone una cruzada de vida para salvar vidas.

La experiencia sibarítica en la capital estadounidense fue muy grata: recibimos muy finas atenciones de la comisión médica latinoamericana, presidida por las doctoras Andrea Costantini y Yocasta Gil de González directoras médicas de asuntos científicos del CARICAM, quienes me hicieron sentir como el jeque Bin Rashid de Dubái. Nuestro recorrido se inició en el restaurante Cheff Gloff frente al hotel Marriot con muy buena comida. Pero una experiencia muy especial fue en el restaurante Marcel de la Avenida Pensilvania, su chef Mr. Wiendmaier, todo un caballero, nos recomendó cenar en 5 tiempos, iniciadas con las frutas del mar donde el salmón y el caviar estuvieron presentes, todo presentado en los platos como verdaderas obras de arte, acompañado de un Chablis Gran Regnard, un exquisito vino blanco. Luego con las segundas tapas de carne roja, las que acompañamos de un exquisito tinto Carraovejas (vino de pago). Cerré mis ojos y me acordé de las muy gratas vivencias gastronómicas en los restaurantes del Ritz y en el Alain Ducasse de Londres y en el elegante Ciel de Paris.

En tercera oportunidad, fuimos invitados al restaurante Fiola Mare, frente al Potomac, ya lo había yo degustado en ocasión anterior con el dr. Cantizano (EPD) en el restaurante homólogo Fiola Mare, en Venecia. Nos sentaron en la mesa donde Kennedy le pidió casarse a Jaqueline. Una noche de sibaritas con ensaladas muy finas, una burrata exquisita al ajo y salmón ahumado y unos filetes de res adobados con manodori balsámico, acompañado con el mejor de los vinos. La noche final fuimos invitados al restaurante peruano Pisco y Nazca, degustamos el obligado ceviche, unas chaufas de marisco, con pescado a lo macho, acompañado de un vino blanco Enate, todo muy exquisito. ¡Disfrutemos el vivir!

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