_A todas las naciones, instituciones, organismos y pueblos del país y el mundo_

Dominicanos, dominicanas, ciudadanos y ciudadanas, hermanos en la Patria y en Duarte:

Comparecemos a este recinto sagrado de la Patria, conscientes de la carga histórica que representa, toda vez que aquí nació la República Dominicana, y su proclamación, precedida por el disparo heroico del trabuco de Ramón Mella allí en la Puerta de la Misericordia, y aquí la primera izada o primer enhestamiento de nuestra Bandera Nacional y los actos protocolares de la gloriosa proclamación de la Independencia Nacional; y, ante estas piedras centenarias de este baluarte del Conde y próximo a la llama votiva que arde en este mausoleo, la cual representa a nuestros padres fundadores y héroes de todos los tiempos que han ayudaron a engrandecer la Nación dominicana, comparecemos, sí comparecemos, a este sacrosanto lugar para rendir tributo a todos ellos, y en especial a Juan Pablo Duarte y sus discípulos; pero también el pueblo dominicano concurre aquí a reafirmar su firme e irrenunciable compromiso con la dominicanidad, con el supremo interés de nuestra Nación.

Señoras y señores, hoy vivimos un singular momento histórico que mueve a recordar la admonición de nuestro Padre Fundador Juan Pablo Duarte sobre nuestro destino: “Nuestra patria ha de ser libre e independiente de toda dominación extranjera o se hunde la Isla”.

Estamos al filo del grave riesgo de que perezca la República, sin ni siquiera haber entrado en la gran resistencia, la cual ha de expresarse en la intensificación de los esfuerzos de nuestros gobernantes y líderes de todos los ámbitos, de los cuales hoy se requiere que apliquen el reclamo de nuestro Padre Fundador, quien, en 1865, en una carta dirigida desde Caracas al gobierno restaurador le expresó: “El gobierno debe mostrarse justo y enérgico… o no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.

La Nación Dominicana, que nadie lo dude, enfrenta en la actualidad las pruebas más complejas y peligrosas de toda su existencia histórica. No solo se desarrollan conflictos bélicos entre bloques de grandes potencias que hacen estremecer el orden internacional establecido y temer la ocurrencia de una nueva conflagración o guerra mundial, sino que el orden económico que cimenta el mismo, acumula problemas, agravados por una Pandemia que no nos libera todavía, que están sometiendo a todas las naciones del mundo a un porvenir de inestabilidad e incertidumbre, de recesión, de ruptura y reorganización de las cadenas de suministro, con potencial de afectar tanto su seguridad alimentaria, sanitaria y energética como la seguridad nacional y ciudadana, no menos que la estabilidad de sus instituciones, con recurrentes crisis de gobernabilidad.

Tampoco debemos olvidar que la región de Las Américas en la que estamos enclavados y en la que ocupamos una posición central, dentro de nuestra compleja realidad insular, la cual históricamente ha sido escenario de la confrontación de grandes potencias del continente y fuera del continente, hoy por hoy se encuentra sacudida por intensas tensiones y contradicciones políticas, ideológicas, militares, así como por graves convulsiones sociales, que de una manera u otra repercuten en nuestra nación.

Sin embargo, existe una realidad mucho más dramática y riesgosa, más próxima y dolorosa, con raíces históricas muy hondas, tan existenciales que conectan con la historia del mundo: nos referimos al dato geopolítico e histórico de compartir el espacio isleño con una nación que como Haití tiene características particulares, y que al mismo tiempo ha devenido penosamente en un Estado Fallido, colapsado, desvertebrado; y sobre todo, lo más triste e injusto, desahuciado y abandonado por la Comunidad Internacional, en especial, por los Organismos Internacionales, la ONU y la OEA, así por EEUU, Francia y Canadá.

Hoy aquí y ahora queremos proclamar con fuerza, en nombre de todo el pueblo dominicano, que no hay ni habrá jamás solución dominicana a los problemas de Haití, ni aquí en nuestro territorio, ni allá en el suyo.

Queremos que lo entiendan bien los grandes poderes de la tierra y los dirigentes de Haití: los problemas de Haití deben y pueden ser abordados y superados con urgencia, efectividad y responsabilidad, en primer término, por los propios haitianos; pero cómo está demostrado que en el porvenir inmediato, ese objetivo supremo no lo podrán alcanzar los haitianos sin un esfuerzo de corresponsabilidad de otros actores que sí pueden y deben, se impone entonces que la Comunidad Internacional, en especial, la comunidad hemisférica, no siga rehuyendo o mediatizando por más tiempo el cumplimiento de sus obligaciones como lo ha hecho hasta ahora.

Más aún, hoy denunciamos ante el mundo, con toda responsabilidad, que contra ambas naciones se comete un abominable crimen, un crimen de alta inteligencia y ejecución continuada, cubierto por una conspiración de silencio: la brutal violencia que se desata en Haití, con cada vez mayor intensidad y crueldad, por parte de grupos fuertemente armados y financiados desde el exterior y que se encuentran en proceso de unificación y organización creciente, sólo procura hacer destruir las pocas estructuras que le quedan a Haití y provocar que su población desesperada, huya despavorida de más en más hacia República Dominicana, a la vez que se maniobra en las sombras para que se complete el proceso de trasladar millones de haitianos, para su asentamiento definitivo en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo. Que lo sepan bien los que conspiran, aquí y fuera de aquí con esos designios malévolos: los dominicanos nos uniremos como nunca antes, como Duarte nos ordenó hacer en momentos de extremo peligro, para enfrentar esa ignominia, que conduciría a la destrucción final de su obra histórica, a la negación más abyecta o vil de todos nuestros derechos como Nación.

La verdad ha de ser dicha: los líderes de la comunidad internacional y hemisférica, nunca han hecho un esfuerzo auténtico, consistente, sincero, de rescatar y reconstruir a Haití en Haití, ni siquiera después del horroroso terremoto del 2010, evento trágico tras el cual el pueblo dominicano demostró una vez más tener un corazón, noble, digno, generoso y compasivo. Aquí y ahora corresponde reiterar que ningún pueblo de la tierra ha sido más solidario con el pueblo haitiano, ni más comprensivo de su drama histórico que el dominicano.

Este esfuerzo de rescate y reconstrucción que reclamamos hace tiempo con vehemencia-un mini plan Marshall para una nación que perdió la guerra contra la pobreza-, es lo único justo, racional y moral, es lo que imponen los más elementales principios del derecho internacional, pero también es lo que más queremos los dominicanos en función de nuestros propios intereses nacionales: contar con una nación vecina insular segura, estable y eventualmente próspera. Pero la gran verdad es que la razón principal de ese desinterés histórico de los mayores poderes dentro de la comunidad internacional-evidente, cínico, malsano-, es qué han venido contado y esperan contar en el futuro, con una República Dominicana que sea el estado pivote de Haití y su zona de Amortiguamiento o Buffering. Para imponernos ese esquema tan perverso, inoperante, contraproducente, han abusado de la debilidad y la dependencia de la República y de parte de sus clases dirigentes políticas y no políticas, que no han sabido o no han podido resistir las injerencias, los chantajes y las manipulaciones, que ejercen los grandes centros de poder conjurados para imponer la solución dominicana a los problemas de Haití.

La acción injerencista y desestabilizadora de los organismos internacionales y de agencias de cooperación de las potencias, resulta con el pasar del tiempo, cada vez más agresiva e irritante, rayando con la ilicitud, en cierto modo, por la actitud complaciente, inconsciente o temerosa de autoridades nacionales, que no asumen a plenitud sus responsabilidades o que no tienen una comprensión plena de que “no es posible servir a dos señores”.

También debemos advertir aquí y ahora, ante el pueblo dominicano y el mundo, que la experiencia histórica demuestra que con semejante esquema de relación, ni Haití saldrá adelante como es nuestro deseo, y que en cambio, las grandes mayorías de nuestro pueblo dominicano sufre las funestas consecuencias en todos los órdenes de su existencia: en su seguridad ciudadana y nacional, en el difícil acceso al trabajo, en los salarios deprimidos, en la mengua de servicios de salud y educación, en los ataques a sus recursos naturales y bienes públicos, en la integridad de su registro civil, en la distorsión de nuestra historia.

Este fenómeno intra-insular trastornador, dejó hace tiempo de ser migración, para convertirse, en éxodo invasor y ocupación, con pérdida creciente de nuestra cohesión social y territorial. Por eso, el pueblo dominicano ya dice desde la simplicidad y contundencia de sus expresiones lapidarias: ¡no es migración, es ocupación! Cómo dijera recientemente el presidente Luis Abinader en la cumbre de Las Américas, celebrada en la ciudad de Los Ángeles, California, el fenómeno dejo de ser un problema de migración para convertirte en un serio problema de seguridad, !y se quedó corto al describir la complejidad del desafío!, que no es sólo nuestro sino de todo el continente y el mundo, ya que en Haití se concentran todos los factores necesarios para provocar una gran explosión arrasadora de toda forma de convivencia civilizada.

No han reparado tampoco los que se han creado las expectativas ilusas de que se puede forzar sin mayores consecuencias la integración con un estado fallido como Haití con un estado como el dominicano, que, si bien es de desarrollo medio también acusa debilidades, limitaciones y fallas, que con tal proceder insensato y de escaso alcance frente a las dos naciones que comparten la Isla de Santo Domingo, con toda seguridad solo terminarán por perturbar seriamente su propia paz y estabilidad, de la región Gran Caribe y de todo el Continente.

Repetimos, esa crisis internacional de Haití, tiene el potencial de desatar un conflicto de envergadura, que los dominicanos no deseamos y que haremos todos los esfuerzos necesarios por evitarlo. Pero que se sepa bien, sin renunciar en modo alguno al derecho supremo e inalienable que tenemos como pueblo de defender y preservar por todos los medios a nuestro alcance nuestro propio desarrollo, las conquistas alcanzadas a lo largo de nuestra historia, nuestra soberanía y autodeterminación, nuestra integridad territorial y demográfica, así como la identidad nacional anclada profundamente en los valores de una cultura cristiana y humanista.

Que nadie tenga dudas, hoy y aquí lo decimos fuerte y claro: o se procura una solución internacional a los problemas de Haití en Haití, que bien merece un mejor destino, o inevitablemente se internacionalizarán los problemas en la región y el Continente. Es un llamado de justicia, razón y verdad, el que hacemos ante nuestro país, los pueblos del mundo y sus líderes, en un momento tan sombrío de una humanidad que al parecer desciende a los infiernos de una nueva guerra mundial. Si esos poderes sienten que tienen una deuda histórica con Haití, si necesitan expiar pecados históricos que inquietan sus consciencias, no lo pueden hacer sacrificando la República Dominicana, ofreciéndola como la nueva tierra prometida para Haití.

Este encuentro histórico, en este 6 de agosto de 2022, al que se han dado cita o respaldan de todo corazón tantos buenos dominicanos y dominicanas, unidos más allá de las banderías partidarias y de las preferencias ideológicas, es especialmente significativo, porque marcará el inicio de un movimiento de unidad nacional sin precedentes, de carácter eminentemente patriótico.

El Instituto Duartiano, cuya misión fundamental es llevar a las conciencias de las nuevas generaciones el legado de heroísmo patriótico de Duarte y los trinitarios, las organizaciones más diversas y plurales de carácter patriótico, político, social, sindical, comunitaria, populares, profesionales y productivas, así como el valioso conjunto de líderes y figuras públicas, que han concurrido a la organización de este evento, estamos convencidos y proclamamos que solo el pueblo dominicano unido, movilizado, consciente, con la gracia de Dios, salvará la Patria, de las amenazas y peligros que ponen en riesgo su existencia.

Este encuentro patriótico de hoy, debe considerarse como el arranque de un gran movimiento de defensa de la dominicanidad, de resistencia activa, ordenada, legítima y legal, del pueblo dominicano tanto en esta tierra como donde quiera que haya dominicanos patriotas, así como de amigos y aliados sinceros de nuestro pueblo, que son muchos, pero que solo esperan que sea el pueblo dominicano el que-como debe ser-, inicie la defensa viril y sostenida de su derecho a existir como nación libre soberana e independiente, nunca la finca con pasaporte de unos pocos, que han negociado con sus atributos de soberanía y sus riquezas.

Sabemos que este proceso de unificación, movilización y resistencia ante la injusticia y el abuso a nuestros derechos de soberanía, no será fácil por la enormidad del reto y por las fuerzas adversas y sus agentes locales, por eso esta “Marcha Patriótica RD” deberá tener siempre un acendrado espíritu trinitario y la determinación de los movimientos que siempre que ha sido menester han restaurado nuestra dignidad, libertades y soberanía; también esta “Marcha Patriótica RD” deberá tener en su lucha un alto sentido moral, de ley y orden.

El soberano, el pueblo dominicano deberá ser el gran actor de estas nuevas luchas trascendentales: ante todo y sobre todo, somos hermanos dominicanos, hermanos en la Patria y en Duarte, con nuestras virtudes y defectos, con nuestras debilidades y fortalezas, contando siempre con la Providencia que nos acompaña, en los momentos de las más graves tribulaciones.

En ese sentido, es necesario que la “Marcha Patriótica RD” contribuya a fortalecer, trasformar y elevar la conciencia colectiva e individual de todos los dominicanos y dominicanas. No podemos odiar al pueblo haitiano, ni a ningún extranjero, como nos enseñó Duarte en su ideario luminoso, pero no podemos admitir que se nos siga agrediendo, desconociendo nuestros derechos y libertades, ni ocupando nuestro territorio, porque sería negarnos a nosotros mismos, depreciar las luchas heroicas y los afanes productivos de las generaciones que nos precedieron, y sobre todo, destruir la posibilidad de que nuestros hijos y nuestros nietos, y todas las generaciones futuras, sigan siendo dominicanos en tierra dominicana. Debemos rechazar con nuestro proceder y actitudes, el discurso mentiroso que pretende estigmatizarnos como pueblo xenófobo, racista, anti-haitiano, genocida, para agredirnos a mansalva. No lo hemos sido, no lo somos, ni lo seremos; pero nunca entregaremos a los organismos internacionales y a las grandes potencias el derecho a nuestra tierra, ni nuestra identidad de nación “indómita y brava, que altiva su frente alzara“, como reza nuestro Himno Nacional.

Hermanos en la Patria y en Duarte, ante la dramática situación descrita, exhortamos con vehemencia al ciudadano señor Presidente Abinader y a todos los poderes públicos nacionales y municipales, a nuestras Fuerzas Armadas y de seguridad que tienen mandatos constitucionales muy precisos, así como a todo el liderazgo nacional político y no político, de gobierno y oposición, a asumir el solemne compromiso de adoptar rectas Políticas y Estrategias de Estado para alcanzar con el mayor sentido de urgencia los siguientes objetivos de Supremo Interés Nacional:

a) La construcción del Muro o Valla Física Tecnológica. Aunque esta obra fue anunciada e iniciada por el actual gobierno, respondiendo a un creciente clamor nacional, la mayoría de los dominicanos tenemos la expectativa de que la misma se edifique con la celeridad, trasparencia y efectividad que demandan las circunstancias críticas antes señaladas.

b) La aplicación enérgica del Código Laboral con base en un mandato constitucional que establece el mínimo del 80 % de mano de obra dominicana en las actividades económicas del país, así como impulsar sin dilaciones las reformas estructurales y la modernización en el aparato productivo de la nación.

c) El cumplimiento riguroso y justo de las normativas migratorias, en consecuencia, la repatriación sostenida y creciente de todos los extranjeros en situación migratoria ilegal o irregular, quienes permanecen en esa condición aun después de los dominicanos haber sufragado el denominado Plan de Regularización de extranjeros en extremo frágil o abiertamente ilegal, oneroso, que bien puede ser calificado como un gran fracaso.

d) Que, se adopten todas las medidas y providencias, para que conforme a la realidad precedentemente expuesta, las FF.AA. sean llevadas en un número tan suficiente como lo demandan las circunstancias actuales, al control fronterizo para evitar el regreso de los repatriados y nuevas incursiones ilegales, al costo y con el rigor que el caso requiera, hasta tanto concluyan los trabajos de edificación del Muro y se pongan en práctica efectivos mecanismos tecnológicos que garanticen la supervisión.

e) Que el Ministerio de Educación cumpla con el artículo 63, numeral 13, de la Constitución de la República el cual manda lo siguiente: “Con la finalidad de formar ciudadanas y ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes, en todas las instituciones de educación pública y privada, serán obligatorias la instrucción en la formación social y cívica, la enseñanza de la Constitución, de los derechos y garantías fundamentales, de los valores patrios y de los principios de convivencia pacífica”.

f) Que el Congreso Nacional de cumplimiento al artículo 10, numeral 2, de la Norma Suprema y cumpla con la reserva de ley establecida al precisar: “El régimen de adquisición y transferencia de la propiedad inmobiliaria en la Zona Fronteriza estará sometido a requisitos legales específicos que privilegien la propiedad de los dominicanos y dominicanas y el interés nacional”. Asimismo, instamos a los poderes públicos a repoblar la frontera y convertirla en una zona de desarrollo de alta prioridad nacional.

g) La adopción de una política altamente restrictiva en relación de los consulados dominicanos en Haití y la emisión de visas por parte de los mismos durante un tiempo declarado de emergencia.

h) La revisión y la supervisión minuciosa del Registro Civil, así como del Libro de Extranjería, en particular, en lo concerniente al registro de los hijos de haitianos nacidos en territorio dominicano desde el año 2000. Por igual, exigimos que nuestra diplomacia produzca un rechazo contundente a las campañas engañosas que quieren confundir apatridia con indocumentación, y que, además, pretenden revertir la histórica Sentencia del Tribunal Constitucional 168-13, sobre la definición de la nacionalidad dominicana.

i) Es necesario, acometer una gran ofensiva diplomática mundial, incluida, un amplio ejercicio de diplomacia pública y ciudadana, con guía escrita, rigurosa y unidad de criterios, ante todas las Embajadas, Parlamentos y los organismos internacionales de la Región y el Mundo, con un contenido histórico veraz acerca de las relaciones dominico-haitianas así como de los datos socioeconómicos, demográficos y medioambientales que fundamentan nuestros legítimos y justos reclamos. También es menester incorporar la valiosa diáspora dominicana en Estados Unidos y Europea, la cual está llamada a convertirse en una poderosa vanguardia de esta lucha nacional y patriótica, de resistencia y restauración del pueblo dominicano marchando “serenos, unidos y osados”, como manifestó Duarte en su canto a la “Unidad de razas”, hacia una cita con la historia, donde se volverá a demostrar que somos una gran nación, que existe porqué Dios quiere y porqué en cada generación hay dominicanos dispuestos a asumir todos los sacrificios…los de su vida, su libertad y sus bienes si fuere preciso.

Dominicanos, Dominicanas, al concluir esta “Marcha Patriótica RD”, encabezada por el Instituto Duartiano, reiteramos enfáticamente que iniciamos el camino hermoso orientado a preservar incólume la Independencia Nacional, con la participación de todos los dominicanos y dominicanas que aman su patria, con los buenos dominicanos, sin exclusiones. Es bueno subrayar que a los Poderes Públicos nacionales y municipales les conste que podrán contar con el apoyo firme del pueblo si cumplen con sus deberes fijados en la Constitución y las leyes de la República, defendiendo siempre los sagrados intereses de la Nación.

Hoy nos constituimos en un solo cuerpo, con el corazón de la Patria sustentado en el alma de Duarte, en el líder trinitario que vive en nosotros. Nos preparamos para la dura lucha, en todo caso en la búsqueda afanosa de la Paz, siempre que la Comunidad Internacional gestione prontamente un Proyecto de Restauración de las bases del Estado Haitiano, que controle las bandas armadas y el desorden civil ALLÁ EN HAITÍ; que establezca los servicios básicos de salud y maternidad, así como la asistencia de alimentación propia de una crisis humanitaria ALLÁ EN HAITÍ; que explote los recursos naturales ALLÁ EN HAITÍ, que organice el Registro Civil ALLÁ EN HAITÍ, y que esa comunidad pruebe sus tantas veces proclamada amistad llevando A OTROS PAÍSES la población que desborda nuestras posibilidades de acogida y, por lo tanto, está destinada a REGRESAR a Haití.

Llamamos a todos los dominicanos y dominicanas de buena voluntad a detener el proceso de desintegración de la Nación. Apelamos a todos los dominicanos y dominicanas que aman esta tierra y desean legar a sus descendientes nuestra Nación, nuestro pasado, nuestra lengua, nuestra cultura, el proyecto nacional que somos todos los dominicanos y dominicanas, a apoyar el plan inicial que hemos trazado, que se nutrirá en su desarrollo de nuevos enfoques y acciones que el Pueblo dominicano seguirá aportando mediante encuentros, congresos y consultas populares.

Llamamos al pueblo dominicano a defender con determinación nuestra soberanía, permaneciendo unidos y alertas a todo el proceso que iniciamos hoy, en uno de los momentos de mayor dificultad de nuestra historia, guiados por la inteligencia y la voluntad duartianas, sin permitir los sectarismos ni los protagonismos de los que pretenderán desviarnos, y de aquellos que seguirán pretendiendo disminuir la intensidad de la Nación como parte de la trama internacional, que, si no la vencemos, nos conducirá a ser dos naciones destruidas en medio de una isla fatalmente condenada.

A una sola voz, declaramos que no podrán despojar al pueblo dominicano de su territorio, ni destruir sus instituciones y derechos jurídicos, ni anular su soberanía, ni desvanecer su Independencia Nacional.

A todos nos une la historia, la cultura, la Patria, el ejercicio de la libertad y la democracia, el derecho al gobierno propio e independiente. A todos nos une el dominicano de gloria más pura, Juan Pablo Duarte y Díez.

Hermanos en la Patria y en Duarte, solo con la unidad del pueblo dominicano, puede preservarse su continuidad histórica.

Somos un Pueblo de Dios. Nacimos como República con la divisa trinitaria y hoy con nuestro Lema constitucional nacional: “Dios, Patria y Libertad”.

¡Viva la Independencia Nacional!… ¡Viva la República Dominicana!
¡Duarte Vive! ¡Que viva la República Dominicana libre e independiente!

Por el Instituto Duartiano:

*Dr. Wilson Gómez Ramírez*

(Este documento será suscrito por todos los dominicanos que deseen hacerlo)

Por matoswill

Periodista, Locutor, Community Managers.

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