Por Fernando Rodríguez C.

Los sentimientos patrios se exacerban cuando sentimos que nuestro país es agredido y en este momento hay motivos de sobra para expresar nuestro disgusto por los últimos acontecimientos en torno a nuestras relaciones con los EE:UU. que se ha permitido alertar a los norteamericanos de color por un supuesto maltrato de nuestras autoridades migratorias, la difusión, a través de la UNICEF, de la supuesta deportación de 1,800 niños haitianos, sin sus padres, y la prohibición de los embarques de azúcar sin refinar y otros productos del Central Romana al país del norte, por alegado sometimiento a trabajo forzoso de sus trabajadores.

Esta industria de capital norteamericano tiene el 62.84 % de la cuota azucarera asignada a nuestro país y genera unos 20 mil empleos directos y según el encargado de negocios de la embajada de los Estados Unidos, Robert Thomas, la acción se justifica por las malas condiciones de trabajo que reciben los empleados de la empresa. Ante el malestar del Gobierno norteamericano por la negativa nuestra de aceptar asentamientos de refugiados haitianos en nuestro territorio, cabe preguntar: ¿no será este el inicio de una represalia mayor que alcance a otras exportaciones e incluso a la industria del turismo, sostén actual de nuestra economía?

Por orbitainformativard

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