Por Fernando Rodríguez C.

Este domingo 28, dedicado a celebrar el Día de las Madres en nuestro país, trae alegría y festejos para quienes disfrutamos del privilegio de tener a nuestras madres vivas, y tristeza para quienes, por edad o distintas enfermedades, la han perdido.

Debe ser uno de los golpes más duros de la vida la pérdida de ese ser tan especial que, aunque por ley biológica, entendemos está llamada a partir primero que nosotros, resulta sumamente difícil aceptar la realidad de su viaje al infinito.

No hay forma humana de compensar los desvelos y afanes de nuestras progenitoras, pero correspondemos parcialmente a sus esfuerzos para criarnos y educarnos, cuando mantenemos una conducta social de acuerdo a sus enseñanzas.

Es justo consignar que madre no solo es la que concibe y pare a sus hijos, sino también aquella que con su infinito amor es capaz de criar y educar a sus hermanos, sobrinos, familiares y, en ocasiones hasta a particulares, con la misma entrega que lo harían con los suyos.

Sirvan estas líneas para reverenciar a todas las madres dominicanas, y a las abuelas, madres por doble partida, que con abnegación y amor cuidan a sus descendientes, entregando sus vidas para hacerlos hombres y mujeres de bien.

 

Por orbitainformativard

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